Publicado: 28 de Abril de 2015

Cuatro años necesita la oruga procesionaria, Thaumetopoea pityocampa Schiff, para provocar la defoliación absoluta de, por ejemplo, un joven pinar repoblado. El primer año, aparecen bolsones en un número escaso y disperso. Al año siguiente, estos nidos se distribuirán uniformemente en el 3 o 4% de los pinos; un año después, pueden verse afectados el 60-70% de los pinos y, al cuarto año, la defoliación puede extenderse a toda la masa arbórea. Esta plaga es devastadora y cada vez se acerca más a nuestros hogares. Conócela en profundidad a continuación.

La Procesionaria del pino, Thaumetopoea pityocampa Schiff, es una mariposa nocturna que en su estado larvario se le conoce como oruga y se alimenta de material vegetal, mas concretamente de las acículas de pinos y cedros. Causan defoliaciones que ralentizan el crecimiento del árbol, debilitándolo, y convirtiéndose en un vector de entrada para otras plagas como escolítidos, que terminan con la vida del árbol.

En invierno, las orugas soportan el frío diurno dentro de los característicos “bolsones”, pero al caer la tarde salen a alimentarse. El propio metabolismo de su alimentación les suministra la temperatura necesaria para afrontar el frío nocturno hasta  que quedan saciadas, volviendo de nuevo al bolsón.

Con la llegada del buen tiempo, las colonias descienden de los árboles formando las  características hileras, que dan nombre a la especie, porque se desplazan en modo de “procesión”, para enterrarse en los claros o bordes del monte, donde los rayos de sol calientan la tierra. Estas procesiones siempre son guiadas por una hembra.

La oruga procesionaria es el principal enemigo de los pinares españoles. Al comienzo del desarrollo larvario, sólo se alimentan de las partes tiernas, apareciendo los pinos salpicados de acículas semi-secas de color amarillento, con finos excrementos en una maraña de hilos de seda en la base de la acícula. Con el desarrollo de las larvas los daños se van haciendo más intensos, de forma que las acículas se secan completamente y caen. Cuanta más defoliación más tiempo es necesario para la recuperación del árbol.

PELIGROSAS, AÚN SIN TOCARLAS “UN PELO”

Además de lo expuesto, estas orugas están recubiertas de unos pelos urticantes (tricomas) que en caso de contacto producen reacciones alérgicas. Por este motivo, en zonas altamente afectadas, resulta imposible el uso recreativo en parques y zonas ajardinadas, así como la realización de cualquier tipo de trabajo silvícolas o de jardinería, pues no hace falta tocar directamente la oruga para sufrir sus efectos: sus pelos “flotan” en el ambiente al ser lanzados a modo de dardos cuando son molestadas o se sienten en peligro.


EN EL PINAR Y EN EL PARQUE: PREVENCIÓN

La oruga procesionaria cada vez es más común en pinares,  parques y jardines de nuestras ciudades. Las suaves condiciones del invierno propician que este insecto prolifere y cause importantes daños en estos lugares, lo que aumenta el riesgo de severas urticarias o alergias en humanos y animales domésticos. Estos últimos son especialmente sensibles a los riesgos de esta plaga puesto que están desprotegidos ante los pelos urticantes de la oruga, pudiendo incluso llegar a ingerirlos lo que puede provocarles la muerte.

Por todo ello, es de especial importancia la intervención de empresas especializadas en el control de este vector. Los métodos habituales de estas empresas profesionales de control y prevención de plagas son la destrucción de los bolsones, el empleo de trampas de feromonas, la instalación de barreras físicas o el empleo de productos químicos. Por su parte, las administraciones públicas establecen de forma periódica medidas de prevención y control en bosques y zonas públicas de las ciudades.

Mira más sobre esta plaga en esta otra publicación de nuestro blog.