Publicado: 8 de Mayo de 2015

La leishmaniasis (o leishmaniosis) es un conjunto de enfermedades y antroponóticas (es decir, el reservorio es el ser humano) causadas por protozoos del género Leishmania. Las manifestaciones clínicas de la enfermedad van desde úlceras cutáneas que cicatrizan espontáneamente, hasta formas fatales en las cuales se presenta inflamación grave del hígado y del bazo. La enfermedad es una zoonosis que afecta tanto a perros como a humanos. Sin embargo, animales silvestres como liebres o zorros, entre otros, son portadores asintomáticos del parásito, por lo que se los considera animales reservorios. En España y en la cuenca mediterránea es una enfermedad endémica. Ahora, científicos españoles desarrollan un nuevo y eficiente método de detección. Mira en qué consiste a continuación.

La leishmaniasis se transmite por la picadura de un insecto que alberga el parásito (protozoos del género Leishmania): la hembra del flebotomo, más pequeño que un mosquito y que no emite zumbido al volar. La actividad del insecto va de mayo a octubre, y el periodo de incubación es muy largo, de dos a seis meses. Hay dos tipos de enfermedad, la cutánea, más leve, y la visceral, que es mortal si no se trata. La segunda afecta a varios órganos, entre ellos el hígado y el bazo. Si se atiende a tiempo al paciente, y si este no está inmunodeprimido, no presenta complicaciones.

El grupo de Investigadores del Grupo LeishmanCeres, de la Universidad de Extremadura (UEx) lleva 25 años dedicándose al estudio de detección y análisis de la leishmaniosis. Investigadores de este grupo han desarrollado un nuevo método para detectar esta dolencia en animales basado en una sola muestra de pelo y un único análisis. “Este nuevo método supone un notable ahorro de dinero, tiempo y personal sobre los actuales métodos combinados de diagnóstico”, declara a SINC Rubén Muñoz Madrid, autor principal del estudio.

Los principales afectados por esta patología son los perros, en los que también puede resultar letal. Sin embargo, también se ha detectado en animales salvajes que pueden actuar como portadores.

Los científicos de la UEx han realizado un estudio, en el que describen una nueva técnica que detecta la dolencia en el pelo de mamíferos silvestres, a través de una sola muestra de pelaje y un único análisis denominado qPCR.

 Las técnicas de diagnóstico habituales para la detección de leishmaniosis en animales salvajes, combinan siempre varios métodos muy costosos para conseguir una mayor sensibilidad y fiabilidad de resultados.

“Por un lado técnicas parasitológicas como la observación microscópica del parásito o la amplificación de su ADN que utilizan muestras de tejidos –sangre muy poco sensible, hígado, bazo o médula ósea– y por otro, métodos inmunológicos para la detección de anticuerpos específicos en sangre mediante inmunofluorescencia indirecta (IFI) o inmunoenzimática ELISA”, atestigua el investigador.

EL ZORRO, UNO DE LOS PRINCIPALES PORTADORES EN EUROPA

Los estudios epidemiológicos realizados en Europa sobre leishmaniosis (Francia, Portugal y España) confirman al zorro (Vulpes vulpes) como unos de los reservorios silvestres más importantes de la enfermedad. Los porcentajes de prevalencia son muy variables –pero elevados– oscilando entre el 5% y el 75%, según autores.

Por su parte, el lobo (Canis lupus) se comporta como un reservorio silvestre mucho menos importante por su escasa prevalencia (0-5%). “Zorros y distintas especies de roedores según hábitats sí son los responsables del mantenimiento de la leishmaniosis silvestre”, añade el experto.

Todavía resulta prematuro para los científicos saber el alcance de este nuevo método basado en el pelaje, ya que solo han podido comprobar la presencia de ADN parasitario en el pelo de perros, de animales silvestres y ratón de laboratorio infectados con la especie Leishmania major, causante de la leishmaniosis cutánea humana en Europa, Asia y África.

“Creemos que estos resultados son suficientes para demostrar que el pelo de diferentes especies de mamíferos se comporta como un tejido especializado en el secuestro y eliminación del ADN de estos parásitos (L. infantum y L. major)”, concluye.

Por tales motivos estas investigaciones descubren también un nuevo mecanismo fisiológico de depuración y eliminación de sustancias tóxicas tal y como son el ADN de estos y probablemente de otros muchos patógenos.

MENOS DOLOROSO PARA LOS ANIMALES

Hasta el momento, en los mamíferos salvajes en libertad o en los de zoológicos, la leishmaniosis es diagnosticada a partir muestras biológicas. Su obtención supone un grave estrés para los animales, además de unas condiciones especiales de almacenamiento y transporte.

Para tomar muestras de sangre, piel o médula ósea en animales vivos hay que capturarlos y someterlos a sedación o anestesia. En el caso de cadáveres, el análisis se complica ya que la lisis y putrefacción del organismo impide la detección de la infección parasitaria.

“El nuevo método permite obtener, almacenar y transportar las muestras de pelo de forma más sencilla y no es nada cruento para los animales. Su estabilidad permite un almacenamiento y transporte a temperatura ambiente”, asegura el científico.

UN PARÁSITO QUE SE INCORPORA AL ADN DEL PELO

Este mismo equipo de investigación publicaba un estudio pionero que demostraba la existencia de ADN extraño (extracorpóreo) acumulado en el pelo de perros afectados de leishmaniosis visceral.

En este artículo se describía el desarrollo de un nuevo sistema de diagnóstico y los posibles mecanismos de incorporación del ADN mitocondrial del parásito Leishmania infantum al pelo de los pacientes infectados.

Por ser la leishmaniosis (visceral, cutánea y mucocutánea) una enfermedad en la que los animales –silvestres y domésticos– son responsables de la existencia de leishmaniosis humana, este método de diagnóstico (denominado PCR cuantitativo) aplicado a las muestras de pelo, “facilitará el conocimiento de los animales silvestres que participan en los ciclos salvajes y rurales de las leishmaniosis en todo el mundo”, apunta Muñoz.

EN FUENLABRADA, EL MAYOR BROTE EN ESPAÑA

La leishmaniasis, una enfermedad parasitaria, es bien conocida por los dueños de perros, que hasta hace no mucho debían sacrificarlos si la contraían. Más raro es haber oído de la leishmaniasis en humanos y, todavía más, conocer a alguien que la haya padecido. La enfermedad tiene una incidencia anual de unos dos millones de casos en todo el mundo, sobre todo en África, el subcontinente indio y América Latina. En España también es endémica, como en otros países de la cuenca mediterránea, pero tradicionalmente solo venían registrándose algunas decenas de casos cada año. Pero entre 2010 y 2012  la localidad madrileña de Fuenlabrada se enfrentó al mayor brote registrado en España con casi 300 casos, cuando entre  2008 y 2019 solo se registraron 15 en la zona.

Los técnicos municipales de salud pública estudiaron posibles reservorios (animales que son portadores, a veces asintomáticos, del parásito): perros, gatos e incluso liebres, conejos y ratas, de las que atraparon varios ejemplares para su análisis.

También se instalaron en distintos puntos de Bosquesur trampas de ricino (adhesivas) y otras de luz (por la noche) para atrapar flebotomos y para analizar analizar si están infectados por el protozoo.

Además, el Ayuntamiento de Fuenlabrada intensificó las labores de desintectación y desbroce habituales en las zonas verdes del municipio. Incluso en Leganés se desecaron lagunas estacionales en el conocido parque de Polvoranca.

Fuentes: unex // agenciasinc // el país





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