Publicado: 5 de Mayo de 2015

El virus de las manchas anulares del tabaco, que suele atacar las plantas, ahora ha pasado a un nuevo huésped, probablemente después de numerosas mutaciones genéticas. La duda que queda por despejar es: ¿Cuál es el papel de este agente patógeno en el Síndrome de derrumbamiento de las colonias de abejas?

Desde 1998 en Europa y 2006 en Estados Unidos, un número anormalmente elevado de poblaciones de abejas (Apis mellifera) está pereciendo cada año. Hoy día, se sigue sin conocer las causas exactas de este fenómeno objeto de muchos estudios. Algunos científicos examinan el caso de los ácaros como el varroa. Otros, sin embargo, opinan que la causa del Síndrome de Derrumbamiento de las Colonias (CCD) debe buscarse en el mundo de los virus.

Muchos de esos agentes patógenos ya son conocidos por sus efectos nefastos sobre las poblaciones de abejas. Por ejemplo, por citar algunos, el virus de la parálisis aguda (ABPV) que se activa y paraliza las abejas infectadas o el virus del saco embrionario (SBV) que causa una tasa elevada de mortalidad de las larvas en forma de saco, lo que evidentemente debilita la colmena. Ya se conocen estos “parásitos perfectos” desde hace varios decenios y por eso se suelen realizar operaciones de prevención.

Fue durante una de estas operaciones cuando Ji Jian Li (Chinese Academy of Agricultural Science) y sus colaboradores descubrieron por casualidad un nuevo virus que ataca a las abejas. Este agente patógeno no era del todo “desconocido” ya que ataca con frecuencia determinados vegetales. Se trata del virus de las manchas anulares del tabaco (TRSV), que provoca la aparición de manchas amarillas en las hojas de determinadas plantas como el tabaco, el pepino o la berenjena. ¿Cómo explicar su detección?

El TRSV se caracteriza por un índice elevado de mutación así como por la ausencia de un sistema de control del material genético replicado. Así, cuando se multiplica, este agente infeccioso genera nuevos virus parecidos a él pero cuyo patrimonio genético varía ligeramente (formación de una cuasi-especie viral). En algunos casos, las mutaciones proporcionan nuevas características como por ejemplo poder atacar un nuevo huésped aunque se trate, como en este caso, de un animal.

Las abejas examinadas presentaron infecciones en todo el cuerpo, prueba de que el virus se desarrolla ahí. En cambio, también fue detectado en el varroa pero únicamente en el tracto intestinal. Por lo tanto el ácaro no es atacado por el virus que probablemente lo habrá cogido al chupar la hemolinfa de un insecto. Otra conclusión: este ácaro puede hacer de vector y transmitir el agente infeccioso de abeja en abeja conforme a una dispersión horizontal. Por otra parte, según el estudio publicado en mBio, los huevos que ponen las reinas infectadas también están contaminados lo que nos da una dispersión, esta vez vertical, de madre a hijo.

Queda por saber si el TRSV interviene en el Síndrome de Derrumbamiento de las Colonias. Para averiguarlo, se llevaron a cabo varios análisis sobre colmenas “fuertes” y colmenas “pobres”. El virus y otros de sus congéneres fueron encontrados en mayor número en las colonias pobres, que empiezan a debilitarse al llegar el otoño. Así, el TRSV podría efectivamente tener un papel en esta problemática. Sin embargo, dado que se encontraba en medio de un cóctel vírico, es difícil sacar una conclusión categórica. Por lo tanto se requieren más estudios así como una mejor vigilancia de los cambios de huéspedes de determinados virus.

Deberíamos replantearnos la forma de actuar, ya que al menos un tercio de nuestros alimentos dependen de su polinización de las plantas y, como dijo Einstein: "si las abejas desaparecen, la humanidad tendría solo 4 años más de vida".